lunes, 31 de octubre de 2016

Cuento de Halloween


Aprovechando que esta noche se celebra Halloween, o el Día de Todos los Santos, he querido contaros un cuento propio de esta época. Se trata de un cuento o leyenda mexicana que, eso sí, quizá no sea adecuado para los más pequeños de la casa. Se titula...

EL VAMPIRO DEL PANTEÓN DE BELÉN 
Cuenta la leyenda que, hace muuuchos años, la ciudad de Guadalajara se vio sacudida por una sucesión de muertes extrañas, primero de animales callejeros, luego de vagabundos y, finalmente, de personas de toda clase y condición, por lo que la ciudad se sumió en una ola de terror. Nadie quería salir de casa cuando anochecía. El comercio de paralizó, las familias dejaron de visitarse, nadie sabía en quién podía confiar. El rumor que corría por las calles era que un vampiro había llegado a la ciudad.

Las autoridades decidieron reunirse y convocar a cualquier experto, estudioso o cazarrecompensas que los librara de esa maldición. Se presentaron varios candidatos, pero la mayoría eran estafadores o simples aficionados sin experiencia en el mundo de lo esotérico. 

Finalmente, tras una larga espera, lograron dar con la persona indicada. Este hombre les indicó que, para hacer salir a un vampiro de su escondite, había dos opciones: una, quemar el lugar donde se supone que vive. Aunque la noche no haya caído, la amenaza del fuego despertaría al vampiro y lo haría salir. Entonces, viéndose acorralado por los enfurecidos vecinos y por la luz solar, sería fácil acabar con él. El problema, en este caso, es que nadie sabía dónde vivía el vampiro que asolaba la ciudad.

Surgió entonces la segunda opción: acosar al vampiro con el hambre. Pronto la ciudad se convirtió en un desierto. No había hombre, mujer, niño o animal que saliera a la calle, ni de día ni de noche.

Pasadas dos semanas, al caer el sol, el cazador de vampiros vio un hombre alto, delgado, moviéndose con lentitud por las calles. Acompañado de un grupo de vecinos armados con estacas y cruces, lo rodearon. El vampiro, desesperado por la falta de sangre, intentó atacarlos, pero eran demasiados y pronto lo derrotaron. El cazador de vampiros fue rotundo: había que matar al vampiro, destruirlo por completo, si no acabaría recuperándose y matando a toda la ciudad.

Los vecinos clavaron la estaca en el corazón del vampiro, lo decapitaron y lo quemaron. Después, pagaron al cazarrecompensas, quien marchó feliz de la ciudad. Sin embargo, algo había salido mal...

En lugar de esparcir las cenizas del vampiro a los cuatro vientos para que el aire separara sus partículas y nunca pudieran volver a reunirse, los vecinos de Guadalajara enterraron en el cementerio los restos del vampiro, en un lugar llamado el Panteón de Belén. Fue allí que, pasadas varias décadas, la frágil vida del vampiro, al estar en contacto con la tierra, fue recuperándose hasta aferrarse a las raíces de un árbol que, poco a poco, fueron asomándose. Por fortuna, alguien notó este milagro y se tomaron medidas. 

Por miedo a que el vampiro termine escapando, toda raíz, tronco, tallo u hoja que asoma desde entonces por entre la piedra es cortado y quemado. La tradición de impedir que el vampiro del Panteón de Belén regrese se sigue transmiendo de generación en generación aún hoy en día.


¡¡Feliz Halloween!! 


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