miércoles, 6 de abril de 2016

La historia de David (final)

Hace unas semanas quedaba incompleta la historia de David, un niño de seis años que vivía en un orfanato. ¿Os acordáis? Teníais que ser vosotros los que pusieráis un punto y final a su historia y, de entre todas las respuestas recibidas, ésta es la que más me ha gustado. Espero que a vosotros también os guste...

LA HISTORIA DE DAVID

 "Muchachos trepando a un árbol"
Francisco de Goya, 1791-1792


David es un niño como cualquier otro. Tiene unos preciosos ojos negros, una maravillosa sonrisa y el pelo negro rizado siempre revuelto porque le gusta trepar a los árboles con sus amigos y, desde lo alto, imaginar cómo vive la gente más allá de la "frontera". La "frontera" es el límite que los mayores han puesto a sus aventuras, dicen que son pequeños y que no pueden ir solos más allá de la casa del señor Fernández, el viejo cascarrabias que siempre protesta por sus juegos y sus gritos.

A sus seis años, David sabe que hay niños que viven de otra forma. Niños que tienen una madre, y un padre, unos hermanos y hasta abuelos. Abuelos que no son como el señor Fernández, sino gente cariñosa que hace pasteles y lleva a pescar a sus nietos. Pero eso sólo sucede más allá de la "frontera". Aquí, a este lado, ninguno sabe qué es eso.

David, al igual que sus amigos, ignora lo que significa tener una familia, ir de excursión los fines de semana o quedarse a dormir en casa de sus primos. En realidad, David no sabe si tiene primos. Ni abuelos. Ni padres. Lo encontraron recién nacido en una cesta junto a la puerta del orfanato en el que vive, o al menos eso le han contado. Pero no le importa, allí comparte juegos y sueños con muchos niños y niñas iguales que él, y es feliz.

Una mañana, David y su amigo José Miguel escuchan voces en la planta baja de la casa. Es muy pronto todavía, aún no se han quitado las legañas de los ojos. Es sábado, y los sábados no suele haber visitas. ¿Quién será? Descalzos, bajan en silencio la escalera principal. No quieren que los pillen, pero su curiosidad es muy fuerte.

En la entrada del salón, junto al despacho de la directora, hay una pareja. El hombre es alto, rubio y de porte atlético. La mujer es algo más baja, también rubia y con una sonrisa muy dulce. Están hablando con la señora Rodríguez, la directora, y también se encuentra presente Darío, el simpático médico que se ocupa de ellos cuando se ponen enfermos. "¿Quiénes serán esa pareja? ¿Qué habrán ido a hacer allí un sábado por la mañana?", se preguntan David y José Miguel.

En ese preciso instante, la señora Rodríguez levanta la vista hacia las escaleras y los ve agazapados. Están en un buen follón, piensan los dos amigos, a la directora no les gusta que fisgoneen por los despachos. Justo cuando empiezan a darse la vuelta para subir corriendo a sus dormitorios, ella les llama: "¡David, José Miguel, venid aquí!". Cabizbajos, emprenden el camino al despacho de la directora. Seguro que ese día se quedan sin postre.

Darío les da un suave tirón de orejas y les dice que entren al salón y se sienten. El pequeño David se atreve por un instante a levantar la cabeza y su mirada se cruza con la de la señora rubia. Le está sonriendo y David se pone colorado. ¿Qué pensará de ellos? Se han portado como críos.

La señora Rodríguez, la directora, les habla con suavidad. No les regaña, sino que les pregunta amablemente si les gustaría ir a vivir con esa pareja y tener una familia de verdad. David y José Miguel se miran extrañados. No entienden lo que les están preguntando. ¿Irse a vivir con esas personas? ¿Tener una familia? ¿Los dos?

Entonces, el hombre les habla por primera vez. "Hola chicos. Sé que no nos conocéis de nada y que todo esto os resultará muy extraño. No tengáis miedo. Mi esposa y yo vivimos lejos de aquí, en una bonita casa junto al mar. No es muy grande ni lujosa, pero nos gustaría que vinieráis a vivir con nosotros. Seríamos una familia, como las de verdad. Sólo os podemos ofrecer nuestro cariño, pero os aseguro que ese amor es inmenso y durará toda la vida."

Los niños no pueden creer lo que oyen. ¿Hablará en serio? Entonces descubren cómo la señora Rodríguez y Darío les observan con una gran sonrisa en la cara. Y piensan que sí, que hablan en serio. Contentos, pero con cierta cautela, se miran y asienten con la cabeza. La mujer, entonces, se acerca y los estrecha entre sus brazos. ¡Qué bien huele!, piensa David.

Y así, un sábado cualquiera, David y José Miguel comienzan una nueva vida lejos de la "frontera". Una nueva aventura que les llevará muy lejos, a una nueva casa, con una familia, unos padres, unos tíos y unos abuelos, y en la que los dos serán, ahora sí, hermanos de verdad. Para siempre.

3 comentarios:

  1. María José, la letra es muy pequeña, será la edad, pero me cuesta mucho leerlo. Igual luego me paso.
    Gracias por tu comentario.
    Besos

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  2. Lo sé. Te prometo que no sé qué ha pasado. Tenía la entrada preparada y hoy, al publicarla, sale con la letra más pequeña. He intentado cambiarla varias veces y no consigo que guarde los cambios!! Qué horror! Voy a intentarlo otra vez desde otro ordenador.

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  3. He tenido que escribirlo de nuevo pero creo que ahora se ve un poco mejor, ¿no? Por cierto Celia, he leído tu entrevista y me ha encantado!!!

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