lunes, 7 de marzo de 2016

Spotlight

"SPOTLIGHT" es el nombre que recibe la unidad especial de investigación del periódico Boston Globe. El equipo de esta unidad sacó a la luz en 2003 una trama de encubrimiento de casos de pederastia en la archidiócesis católica de Boston. Thomas McCarthy (director, actor y guionista norteamericano) es el director de la película que, con este nombre, recrea la investigación que condujo a destapar estos hechos y que encuentra su lema central en una frase pronunciada por el abogado Mitchell Garabedian (interpretado por Stanley Tucci): "Se necesita a toda una ciudad para abusar de un niño"

Magníficamente interpretada por Michael Keaton, Mark Ruffalo, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Brian d'Arcy James y Stanley Tucci, ha sido una de mis películas preferidas del año. Sin embargo, debo reconocer que era escéptica ante la gala de los Oscar y no tenía mucha fe en que se llevara premios importantes. Lo que nunca imaginé fue que la Academia tuviera por fin el valor de premiar como Mejor Película una historia que remueve los cimientos de gran parte de la sociedad norteamericana y que sacudió tristemente a la Iglesia Católica como institución.

 El equipo protagonista de Spotlight

Hasta el momento, pocas películas comprometidas y que realmente tocaran la fibra sensible habían sido premiadas. "Spotlight" denuncia unos hechos que son incómodos para la sociedad (especialmente la norteamericana), una sociedad hipócrita (como la mayoría de las occidentales) en la que muchos pecan y después se confiesan. ¿A quién le interesaba realmente destapar casos en los que numerosos miembros de la Iglesia Católica abusaban sexualmente de niños? A la Iglesia, desde luego no. Al Gobierno, no demasiado. Sólo a las propias víctimas, que encontraron por fin una mano amiga en el equipo de reporteros que dirigía Walter "Robby" Robinson.

Por desgracia, los casos de pederastia en el seno de la Iglesia Católica son numerosos en todos los países. Durante años se han ocultado, la Iglesia y la policía ha hecho la vista gorda porque la primera es una institución demasiado poderosa para enfrentarse a ella. Los creyentes no querían creer en que semejante barbaridad fuese cierta y la posición negacionista ganó la partida durante décadas. Hoy, por fortuna, la mentalidad ha cambiado y poco a poco se van destapando casos. Eso no quiere decir que los culpables reciban siempre el castigo merecido por unos hechos que constituyen delito, pero al menos se va perdiendo el miedo a decir "el padre A, o el cura D, abusó de mí".

Ojalá la Iglesia, la sociedad y la Justicia pudieran acabar con esta lacra de forma definitiva, aunque una vez más no tengo demasiada confianza. Cualquier tipo de abuso es condenable, legal y moralmente, pero cuando la víctima es un niño o una niña en manos de un adulto.... buff, me hierve la sangre.

Protejamos a nuestros niños, ellos son el futuro pero, sobre todo, son personas que dependen de nosotros para vivir felices y seguros. No permitamos que sigan perpetrándose estos delitos. Es obligación de TODOS. Debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para evitar estas cosas y, por eso, me alegra que por fin este año la Academia haya tenido el valor de premiar una película así.

 Trailer en castellano

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