jueves, 17 de marzo de 2016

La innovación llega a la escuela

Hace unos pocos años que los profesores de nuestro país empezaron a cobrar protagonismo en las páginas de los periódicos. Hasta entonces, siempre habían sido personajes anónimos que educaban a los niños y les enseñaban las lecciones que aparecían en los libros de texto. Sin embargo, ante los alarmantes índices de fracaso escolar, fueron surgiendo figuras de la enseñanza que proponían ideas nuevas e innovadoras para motivar a los alumnos y, de paso, fomentar en los niños una serie de valores que parecían olvidados desde tiempo atrás.

No hay que irse lejos para encontrar ejemplos de este tipo de profesores: Ana de Artiñano (Madrid) ha desarrollado un programa para enseñar a pronunciar inglés correctamente a los más pequeños; Angel González (Madrid) está causando furor con sus vídeos de dibujos animados para enseñar matemáticas; o, sin ir más lejos, César Bona (Zaragoza) que, con su método para fomentar el respeto, la participación y la imaginación, logró el año pasado ser uno de los 50 profesores (el único español) nominado al Global Teacher Prize, algo así como el Nobel de la educación. He tenido oportunidad de ver a César Bona en una conferencia y lo menos que puedo decir de él es que es un profesor comprometido con sus alumnos y apasionado de su trabajo. Si los nuevos sistemas, como el suyo, acaban triunfando o, por el contrario, fracasan en su intención, sólo el tiempo lo dirá.


Ana de Artiñano durante una clase en 
el colegio Las Tablas, de Madrid.

 César Bona, candidato al 
Global Teacher Prize en 2015


Fuera de nuestras fronteras, me ha llamado la atención la iniciativa de Rana Dajani, una profesora jordana que, preocupada porque a muchos niños no les gusta leer, ideó una solución que ya ha sido copiada en medio mundo. Cuando Rana se preguntó ¿por qué a los niños jordanos no les gusta leer?, llegó a la conclusión de que no les gustaba porque nadie les había leído de pequeños. ¿Cómo solucionar ese problema? Decidió que podía usar la mezquita que hay en cada barrio jordano y así comenzó a leer a 25 niños después de la oración. Disfrazada con un sombrero de colores chillones y ayudada por marionetas, al final de la media hora de lectura los niños estaban como locos y le quitaban los libros de las manos. Volvieron al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente.... y los padres se dieron cuenta que los niños mejoraban poco a poco en la escuela.

En 2006 crearon We love reading, un plan casi familiar que pronto empezó a crecer. Los fieles de la mezquita donaron dinero para editar nuevos cuentos, se formaron lectores voluntarios para extender el proyecto por toda la ciudad y se estableció un riguroso proceso de selección. Cada persona que aprende debe enseñar a otra y abrir una biblioteca virtual. En 2014 había más de 700 voluntarias que leían en más de 300 bibliotecas virtuales y por las que habían pasado unos 10.000 niños.

El plan se amplió a los campos de refugiados sirios de Jordania y pronto comenzaron a surgir imitadores por medio mundo (México, Turquía, Uganda, EE.UU...) Una iniciativa sencilla pero que ya ha cambiado la vida de miles de personas.

Rana Dajani en Amán (Jordania)


"Si quieres conseguir un cambio, piensa en algo pequeño y simple y concéntrate en hacerlo lo mejor posible"

1 comentario:

  1. Cada vez somos mas los docentes que hacemos de nuestra aula un lugar de aprendizaje pero también de diversión, de complicidad, de re-conocimiento de emociones, de ilusión, ... y eso solo nace de docentes comprometidos con cada uno de sus alumnos.

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