lunes, 29 de febrero de 2016

Cuando las cosas se tuercen

El proceso de adopción es largo, duro y lleno de altibajos emocionales que nada bueno nos pueden traer. Sin embargo, lo llevamos lo mejor que podemos con la esperanza de que, cada día que pasa, nos acerca un poco más a nuestros hijos. Es un camino que no sabemos cuándo ni dónde termina, un proceso lleno de alegrías y tristezas, amargo y en el que, sin embargo, hemos depositado todas nuestras esperanzas. Un camino repleto de dudas e incertidumbres. Ese es uno de los motivos por los que solemos hablar de "la aventura de la adopción". Porque es toda una "aventura" el camino que emprendemos con el objetivo de ver cumplido nuestro sueño de ser algún día madres o padres.

Precisamente por lo difícil que se hace en ocasiones esta espera, no debemos perder de vista nuestro sueño. Cuando alguien decide adoptar un niño, no es por capricho. Se nos explica en diversas reuniones, cursos, entrevistas... lo que implica esta decisión. Procesos de selección, análisis de nuestras vidas, una larga espera, incertidumbre hasta el último momento, un pasado que asumir, problemas físico y/o psicológicos que pueden tener los menores, burocracia sin fin.... No, adoptar no es una decisión que se tome a la ligera. Al menos, no en el 99% de los casos. Por eso, por esa seguridad y confianza en nosotros mismos y en nuestro proyecto de familia, no podemos dejarnos vencer por los contratiempos que vayan surgiendo en el camino. Contratiempos que no está en nuestras manos solucionar, por lo que debemos echar mano de toda la fuerza y la ilusión que hay en nuestro interior para hacerles frente.

En ocasiones, esos contratiempos surgen simplemente por la acumulación de expedientes. Somos tantas familias las que compartimos el mismo sueño que, por pura lógica, los tiempos de espera se van alargando. Quizás no tengamos noticias de nuevas salidas en el país elegido y tememos las noticias que puedan llegar, quizás veamos cómo nuestros compañeros de fatigas van siendo asignados mientras nosotros seguimos esperando. Una espera que se alimenta de nuestras ilusiones, pero que torna deprimente en momentos puntuales: la sonrisa de un niño, una habitación vacía, la nieve en la que nos gustaría jugar con ellos.... instantes que nos dejan abatidos, con lágrimas en los ojos y el corazón encogido.

Otras veces, los contratiempos tienen un responsable. Un organismo oficial que se salta plazos, un funcionario que se equivoca, una entidad intermediaria que no realiza bien su trabajo.... son hechos que imposibilitan el buen funcionamiento del sistema, errores que nos alejan o nos apartan de nuestros hijos y, por desgracia, errores que no siempre son fáciles de enmendar. Estos contratiempos provocan una tristeza, una amargura y una ira que no solucionan nada, nos sentimos impotentes porque somos "víctimas" de un proceso en el que contamos más bien poco y, al final, somos las familias y, sobre todo, los niños, quienes pagamos los errores o la desidia de los demás. Y sólo nos queda seguir luchando hasta el final porque la Justicia se ponga de nuestra parte.

También ocurre a veces que esos contratiempos surgen de nuestro interior. Comentarios más o menos malintencionados de terceras personas que, por simple ignorancia o por ganas de malmeter, nos provocan una herida difícil de reparar. La larga espera y la incertidumbre de todo el proceso puede convertirnos, en ocasiones, en seres algo susceptibles ante ciertos comentarios. Por eso, hay que tener mucha paciencia y aprender a poner distancia para no reaccionar ante hechos que no merecen nuestra atención. No importa lo que nos digan o lo que podamos leer, especialmente en las redes sociales, donde todo el mundo se permite opinar de cualquier cosa, con conocimiento o sin él. Nosotros sabemos lo que queremos y es una decisión muy meditada, así que debemos seguir adelante.

Por todo esto, cuando las cosas se tuercen, debemos pararnos a pensar un momento, hacer "limpieza" de toda la información recibida por nuestro cerebro y seguir adelante con la cabeza bien alta y las ideas claras. Esta entrada está dedicada, en cierto modo, a tres personas. Tres familias, tres amigos/as, que nos acompañan en este camino desde el principio y que estos días no lo están pasando muy bien. Ellos/as sabrán quiénes son cuando lean estas palabras. Por mi parte, recordarles que en su día tomaron una decisión, la que ellos consideraron correcta, y que sólo el tiempo dirá si su sueño se convierte en realidad. No me cabe ninguna duda que son tres personas excelentes y que algún día serán tres padres/madres maravillosos/as, así que no perdáis la esperanza y levantad el ánimo. Juntos, lucharemos porque nuestros sueños se hagan realidad.



3 comentarios:

  1. Mucha razón llevas y estoy contigo. Mucho ánimo para esas familias. A veces las injusticias, los errores, los problemas surgen, pero hay que levantarse y tirar hacia delante. Para nada es fácil. Envío todo la fuerza, el cariño y el apoyo para todas esas familias.

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  2. Espero que tengan mucha suerte, que la tengáis todos porque hay niños esperando a ser felices y vosotros tenéis tantas ganas de darles esa felicidad que se merecen que debería ser algo inmediato y fácil y sin embargo no lo es. Este mundo es muy injusto.
    BEsos

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    Respuestas
    1. Injusto o no, es el sistema y hemos de acatarlo nos guste o no. Al menos, mientras no se introduzcan cambios realmente significativos.
      Un beso

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