lunes, 14 de diciembre de 2015

Cuento de Navidad

Un día como hoy, 14 de diciembre, de hace dos años, fallecía mi hermana Pilar. Aprovechando las fechas en que estamos, y como excusa (aunque no haga falta) para recordarla, quiero contaros hoy un cuento que ella publicó en su blog, "Artículos de Costumbres", allá por las Navidades de 2011. Espero que os guste.
 

CUENTO DE NAVIDAD

En un recóndito lugar del Polo Norte, la Navidad se preparaba para hacer su viaje alrededor del mundo, como todos los años. Llevaba su equipaje cargado de Ilusiones, Buenos Deseos, Amor, Paz y Felicidad. El tiempo invernal había llegado, y hacía ya varios días que se anunciaba su llegada, así que, ni corta ni perezosa, inició su viaje anual. Cuando llegó, todo resplandecía, a la Navidad le gustaba ese anuncio tan anticipado que le hacían los humanos: luces y colorido por todas partes, y la gente deseosa de recibir todo lo que ella llevaba en su equipaje.

Lo primero que hizo la Navidad fue pararse a mirar el escaparate de una tienda, atestado de juguetes. Los niños se arremolinaban inquietos, pegada la nariz al cristal del escaparate, e implorando de sus padres que les pidieran a los Reyes aquella muñeca, aquel avión que volaba “de verdad”, aquel videojuego,…los padres, con semblante hastiado, se esforzaban por llevárselos de allí, hasta que una madre dijo: “Estos niños no hacen más que pedir, con la excusa de la Navidad, los Reyes, ¡maldita Navidad!” La Navidad, que estaba allí mismo, dio un respingo, y se quedó como en estado de shock, hasta que reaccionó y se dijo: “Pero, bueno, ¿qué tengo que ver yo en esto?”

Siguió paseando, y aún sin recuperar de la impresión recibida, se acercó al escaparate de una joyería, donde una pareja de enamorados miraban ella con curiosidad, él con fastidio; ella suspiraba, e insistía en que él le comprara una pulsera de precio prohibitivo, mientras él se negaba e intentaba seguir con su camino, hasta que soltó: “¡Con la tontería esta de la Navidad tienes unos caprichos…!” La Navidad volvió a sorprenderse: “Pero ¡si yo no tengo la culpa de que ella quiera esa pulsera tan cara…!”

Siguió su paseo y observó a dos mujeres hablando de las cenas y comidas familiares, una de ellas se quejaba de tener que preparar comida para 20 personas, “sin necesidad”, y la otra meneaba la cabeza y se quejaba de la “ruina” que ello iba a conllevar para la economía doméstica. La Navidad comenzó a darse cuenta de que la gente ya no mantenía el espíritu de antaño, ahora eran todo prisas, agobio, consumir por consumir o porque “hay que hacerlo, es Navidad”. 

La Navidad se entristeció y se acurrucó en una esquina, con el viento gélido golpeándole la cara, y los copos de nieve que habían empezado a caer. ¿Dónde estaban el amor, la ilusión, las ganas de celebrar esos días junto a los seres queridos? Y por lo menos, los adornos navideños y los nacimientos no habían desaparecido, pero la actitud de la gente dolía a la Navidad, ella no tenía la culpa de que comerciantes llevados por la ambición hicieran su agosto en diciembre, con la excusa de que era Navidad, habían utilizado su nombre en provecho propio, y una lágrima rodó por sus mejillas hasta caer al suelo. Pero entonces se dio cuenta de que unos ojos la miraban con curiosidad, los de una niña de no más de cinco años, con la que entabló la siguiente conversación:

(niña)         ¿Por qué lloras?

(Navidad) Estoy triste porque nadie me quiere.

(niña)       Sí que te quieren, todo el mundo se   quiere ahora, es Navidad.

(Navidad)  Este año no habrá Navidad.

(niña, abriendo los ojos como platos)  ¿Noooo? ¿Por qué?

(Navidad)  Porque…todo el mundo le echa la culpa de las prisas, de las obligaciones, de lo que no quieren hacer, y la Navidad no va donde no la quieren.

(niña)      Pero en mi casa sí la queremos, mis hermanos, mis papás, mis abuelos, mis primos, ¡queremos que venga! Si no, estaremos muy tristes.

La Navidad se quedó pensativa después de oír esto, y dijo: “Si la veo le diré que venga, bien merece la pena por personas como tú y tu familia”. La niña sonrió, se acercó a ella y le dijo: “No te vayas, anda, quédate”, y dicho esto se alejó, dejando a la Navidad sorprendida, pero feliz. 

La Navidad se puso en marcha y con su varita mágica comenzó a cambiar el semblante de la gente, que sentía como si algo extraño y maravilloso le sucediera en su interior que les impulsaba a desear saludar con amor al prójimo, estar con sus seres queridos, cantar, reír, disfrutar de la vida, en suma. Como siempre había sido, y aunque los deseos sólo fueran por unos días, la Navidad se las arregló para que fuera para siempre, y cuando pasados los días pertinentes llegó el momento de que la Navidad retornara a su lugar de origen, decidió dejar su equipaje cargado de ilusiones para que no abandonaran al mundo. Eso sí, con la intención de volver todos los años por las mismas fechas para comprobar si habían cumplido su trabajo.


4 comentarios:

  1. Es precioso. Me ha emocionado. Me encanta que le haya dado voz a la Navidad. Muy tierno.
    Siento que la perdieras, debía ser una persona muy especial.
    Besos

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    1. Sí, lo era. Muchas gracias Celia, me alegra que te haya gustado el cuento.

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  2. Hola Mariajo. Estoy seguro de que tu hermana estaría orgullosísima de tí y de vuestro proyecto de familia. Es un cuento enternecedor. Me ha encantado. Un super besazo muy, pero que muy fuerte.

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