miércoles, 25 de noviembre de 2015

La mejor educación

Según leí el otro día en la prensa, se ha puesto de moda querer ser Dinamarca. Yo no me había enterado, pero Bernie Sanders lo proclamó hace poco en un debate de las Primarias Demócratas estadounidenses, y Hillary Clinton le contestó diciendo que no, que le encanta Dinamarca pero su país es Estados Unidos y lo que quiere como futura presidenta son unos Estados Unidos que funcionen bien, que generen riqueza inclusiva preservando su identidad. 

La verdad es que nadie sabe cómo llegar a ser Dinamarca, ni siquiera los daneses saben cómo llegaron a su sistema actual. Es un proceso de siglos, de evolución, que no se puede implantar así sin más. En cambio, sí hay otro país al que deberíamos querer imitar para resolver uno de los problemas endémicos de la sociedad española: los pésimos resultados educativos en comparación con otros países de nuestro entorno. Y ese país es Finlandia.

Finlandia es uno de los primeros países europeos en el Informe PISA. Cierto que en Matemáticas ha caído este año, pero en líneas generales sigue manteniéndose a la cabeza. Además, lo realmente interesante es que en Finlandia, en los años cincuenta, apenas un 10%  de los estudiantes terminaba la enseñanza secundaria. ¿A que no os esperabáis eso? En el año 2000, cuando se realizó el estudio PISA, Finlandia salió en primera posición. Así pues, Finlandia es un ejemplo de cómo se puede mejorar el sistema educativo de un país de manera radical y en tan solo una generación. 

¿Y cómo hicieron eso? ¿Cuestión de riqueza? Pues no: Luxemburgo es igualmente rico y está bastante por debajo. ¿Cuestión de cultura? Tampoco, Suecia también está muy por debajo. ¿Entonces, qué? ¿Cuál es el secreto de Finlandia? En EE.UU. se generó una actividad frenética para tratar de encontrar las claves del éxito finlandés. Resultaba que una mayor renta familiar estaba relacionada con un puesto más elevado, pero el ir a una escuela pública o privada no era determinante. La cantidad del gasto en educación no importaba, pero el entorno familiar sí. 

Analicemos la situación: 

Lo más importante: ser profesor en Finlandia es una profesión de prestigio. Para ser profesor, desde 1979, hay que estudiar en una de las pocas Universidades especializadas en Formación del Profesorado que hay en el país, centros de difícil ingreso. Cada Universidad escoge a sus aspirantes a profesores con una entrevista para valorar su capacidad de comunicación y de empatía, un resumen de la lectura de un libro, una explicación de un tema ante una clase, una demostración de aptitudes artísticas, una prueba de matemáticas y otra de aptitudes tecnológicas. Tan solo un 20% de los aspirantes son aceptados. Tras cursar la carrera, hay que realizar un Máster de un año en el que aprenden a enseñar, observan clases, realizan prácticas evaluadas por mentores, diseñan lecciones... Vamos, un MIR académico. Es un sistema donde se selecciona a los mejores y se les enseña a enseñar. No siempre fue así. En los años setenta era un sistema abierto, de fácil acceso a la docencia, similar al español. La reforma funcionó y varias décadas después se ven los resultados. La sociedad, y los estudiantes, respetan a los profesores. Los estudiantes se lo toman en serio. Los recursos no se malgastan. El resultado, una sociedad mejor educada y mejor preparada para un mundo globalizado en constante cambio. Y repito, da igual que sean profesores de colegios públicos o privados.

Clase en una localidad finlandesa

Leo Pakhin, miembro del Consejo Educativo de Finlandia, visitó este año el País Vasco y dijo algunas cosas interesantes. A la pregunta de si esa presión por mantenerse en los primeros puestos del Informe PISA se trasladaba a los niños, contestó: "En absoluto. La jornada escolar, de hecho, es más corta que en otros países. Los más pequeños no pasan más de cuatro o cinco horas en la escuela. Tienen que tener tiempo para otras cosas, para estar en casa... Es importante que la escuela no llene todo el día, porque también hay vida más allá de la escuela". El nivel de enseñanza alcanzado en Finlandia es tan alto que casi nadie quiere llevar a sus hijos a una escuela privada, normalmente vinculadas a órdenes religiosas o proyectos determinados.

Igualito que en España. Ahora, los estudiantes de Educación hacen prácticas en colegios e institutos. Pero seamos sinceros, según el destino que tengan no es que practiquen mucho realmente. Y, desde luego, las prácticas duran muchas menos horas que el Máster finlandés. Por otra parte, ¿existe hoy en día un verdadero respeto de la sociedad española, y no digo ya de los alumnos, por el profesor? Un sólo ejemplo: en mi lugar de trabajo se estropeó una tarde el sonido del ordenador de un aula. El profesor consultó con el personal del centro y decidieron que lo mejor era cambiarse a otro espacio que estaba libre, justo enfrente, al otro lado del pasillo. Así podía continuar con todos los medios. El profesor les dijo a sus alumnos que cogieran las cosas y fueran al aula de enfrente, que continuarían allí la clase. A los dos minutos, el profesor acud de nuevo al personal para agradecerles las molestias y comunicarles que, sin embargo, se quedaban donde estaban porque los alumnos no querían moverse y habían prometido estar calladitos para que se oyera bien. ¿¿¿¿???? Nuestra cara creo que lo reflejó todo en ese momento. ¿Desde cuándo una clase le dice al profesor lo que tienen que hacer? ¡Increíble! No obstante, la culpa en este caso no fue solo de los alumnos, que sí, que la tuvieron, pero también del profesor que les consintió esa actitud.

Y como ésa, mil anécdotas más. Si doy una vuelta por algún aula en el que han terminado las clases, alucino con la cantidad de vasos de café, latas de coca cola, bolsas de patatas y envoltorios de chocolatinas que veo desperdigados por las mesas y el suelo. Si en mi época de estudiante hubiéramos osado degustar todos esos "manjares" en clase, no hubiéramos durado ni cinco minutos en el aula.

Conclusión: consentimos demasiado a los niños, y no tan niños, y no educamos. ¡Pero si son los propios padres los que vienen a recriminarle a un profesor por haber suspendido a su hijo! No vienen a ver cuál ha sido el problema o cómo solucionarlo, sino a amenazar al profesor porque le tiene manía a su hijo. En fin...

Como decía, por tanto, el entorno familiar también es decisivo. El éxito finlandés se debe a que encaja tres estructuras: la familia, la escuela y los recursos socioculturales (bibliotecas, ludotecas, cines…). Los tres están ligados y funcionan de forma coordinada. "Los padres tienen la convicción de que son los primeros responsables de la educación de sus hijos, por delante de la escuela, y complementan el esfuerzo que se hace en el colegio. En Finlandia el 80% de las familias van a la biblioteca el fin de semana. Este estímulo de la lectura en casa resulta fundamental".
  
Es sólo un punto muy concreto, pero venga, seamos sinceros. ¿Cuántas familias conocemos que lleven a sus hijos a la biblioteca el fin de semana? Es más, ¿cuántos españoles dedican la noche del sábado o la tarde del domingo a leer un libro? Y no me sirven la excusa del clima o las tradiciones mediterráneas.

 
Como dijo Hillary Clinton, hay que mejorar partiendo de lo que se tiene. No podemos pretender que se empieza de cero. Lo nuevo radical no tiene por qué ser mejor. No hacen falta revoluciones, sino cambios inteligentes. No queremos ser Dinamarca. Tampoco queremos ser Finlandia. Queremos ser una España mejor. Queremos que nuestros hijos tengan la mejor educación.

2 comentarios:

  1. Una entrada muy acertada Mariajo. Daría para hablar horas y horas y podría contar situaciones surrealistas del día a día. Simplemente lanzo unas ideas para que cada uno analice como quiera:
    - Al principio de curso hay reunión de tutores con las familias donde se explica el funcionamiento, se conoce al tutor con el que se comunicarán durante el curso. Se suele realizar en horario de tarde para intentar conciliar el trabajo con la reunión ¿Cuántas familias vienen? A veces no he llegado a tener ni si quiera el 30%.
    - Muchos padres aparecen o se ponen en contacto (si lo hacen) únicamente si el alumno/a ha suspendido.
    - La figura del profesor no está valorada ni por padres, ni por alumnos. Cuando un padre/madre te de las gracias puedes darte con un canto en los dientes.
    - Las horas que invierte un profesor tutor en desempeñar su trabajo no corresponden a la realidad (dos horas de su horario laboral), pero realmente se invierten según la temporada hasta 5-6 horas en el peor de los casos.
    - El profesor se ha convertido en una figura que hace de profesor, psicólogo, guardaespaldas, confidente, enfermero...
    Eso si..... Si la situación es esta ¿por qué seguimos con este trabajo? El hecho de que un alumno consiga que se interese por tu materia, que aprenda presentar un trabajo, que te haga preguntas sorprendentes, que te de las gracias o te regale una sonrisa merece la pena.
    Como he dicho es un tema que daría mucho que hablar.

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    1. Tienes razón, pero es una situación lamentable. ¿De verdad una gran mayoría de padres están tan ocupados o despreocupados que no pueden interesarse un poco más por la educación de sus hijos? A veces tengo la sensación de que hay una generación que acabó tan harta de la educación, las normas y las reglas que les impusieron de pequeños que ahora quieren hacer justo lo contrario con sus hijos. Pero ¡es una idea desastrosa!... O eso, o es que no le dan importancia a nada. La educación convierte a una sociedad en lo que es... Una lástima, la verdad.

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