martes, 3 de noviembre de 2015

Familias de acogida vs Centros residenciales


Según publicaba la semana pasada la Asociación Estatal de Acogimiento Familiar (ASEAF) y la Asociación de Acogedores de Menores de la Comunidad de Madrid (ADAMCAM), el coste por mantener a un menor que se encuentra bajo la protección del Estado sería cuatro veces inferior si éste viviera con una familia de acogida que si vive en un centro residencial, incluso en el supuesto de que las familias de acogida recibieran la misma ayuda mínima neta por menor acogido que perciben las familias acogedoras del Reino Unido, en torno a 25 euros por menor al día.

Al parecer, según un estudio del 2013, el coste económico de mantener a un menor sin necesidades especiales en un centro residencial es de 101 euros por día, es decir, cuatro veces más de lo que habría que invertir si estuviese en una familia de acogida. El informe explica que, de los 22.000 menores que viven actualmente retirados de sus familias de origen, el 75% vive en centros residenciales, lo que supone una inversión mensual del Estado de casi 50 millones de euros (3.000 euros al mes por menor.)

Al beneficio económico, hay que añadir las ventajas que tiene una familia de acogida para los menores. No es lo mismo vivir en un centro residencial con muchos más niños, cada uno con sus problemas y su situación personal, y con escaso personal para atender correctamente a cada uno de ellos, para darles el amor y las atenciones que necesitan, que vivir en una familia de acogida que pueda dar al menor todos los cuidados y el cariño que éste necesita. En el ambiente de una familia de acogida, el menor adquiere una estabilidad emocional que le permite mejorar en todos los aspectos y desarrollarse adecuadamente.

Y, pese a tantas ventajas, la presencia de familias de acogida en España sigue siendo escasa y una excepción a la regla general. ¿Por qué? Al parecer, el desconocimiento de las leyes, el miedo a la pérdida y a los problemas que puedan acarrear los menores son las principales causas que frenan a las familias españolas a la hora de ofrecerse como familias de acogida.


Recordemos que el acogimiento familiar no preadoptivo consiste en acoger por un período de tiempo a un menor que se encuentra en situación de riesgo, desamparo o que presenta discapacidades físicas, trastornos emocionales o de conducta, y no pueden permanecer con su familia biológica, de modo que tengan una vida lo más normal posible hasta que sus padres puedan hacerse cargo de él. Por eso, para ser familia de acogida hay que superar un proceso previo en el que te valoran, igual que sucede para adoptar. 

Y ¿cuánto tiempo dura el acogimiento? Pues eso depende. Cada niño es un mundo. Cada uno tiene su historia, su situación particular, por eso nunca se puede saber con total certeza: días, meses, años... algunos incluso permanecen en acogida hasta la mayoría de edad.

Ese 75% de menores que viven en centros residenciales espera cada día la oportunidad, si no de volver con sus padres biológicos, sí de ir a una familia de acogida. Saben que los mayores nunca salen de ahí... por eso, para ellos, cada día que pasa ser reducen las posibilidades de salir y tener una oportunidad de mejorar, en todos los aspectos. Los centros residenciales hacen lo que pueden con los medios que cuentan, pero es imposible que cada menor que vive en ellos obtenga el cariño, el apego y, mucho menos, la persona de referencia que todo niño necesita en unos años que son claves para su desarrollo como persona.

Con la Ley de Infancia que entró en vigor este verano se da prioridad al acogimiento familiar para los más pequeños y se desjudicializa el procedimiento, de modo que será la Administración quien decida con qué familia va cada menor. La familia biológica tiene un plazo de dos años para mejorar su situación y conseguir que se revoque la declaración de desamparo; si no lo consigue, el acogimiento temporal pasará a ser permanente o se convertirá en adopción.

Al menos ésa es la teoría, aunque ya sabemos que cada Comunidad Autónoma es independiente y funciona de manera diferente. En cualquier caso, esperemos que por fin prime el derecho de los menores a tener una vida digna, en todos los sentidos, y no la voluntad de los padres.


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