lunes, 29 de junio de 2015

Dinamarca y el abandono de niños

Erik Valeur es un periodista y escritor danés que ha ganado diversos premios con su primera novela, "El séptimo niño", publicada en 2014 por la editorial Maeva. Se trata de una novela de misterio donde un orfanato al norte de Copenhague juega un papel decisivo. No puedo opinar del libro ni del autor como tal porque todavía no lo he leído, lo tengo pendiente en mi biblioteca particular. Otro libro que ahora está en el candelero, "El niño 44", me ha enganchado demasiado como para empezar a leer otro mientras tanto, pero esa es otra historia....

Lo que me ha llamado la atención de Erik Valeur es que él, precisamente, es un niño adoptado que sabe lo que significa vivir en un orfanato. Nació en Copenhague en 1955 pero resulta que en este país, símbolo de una sociedad libre y avanzada para nuestras mentalidades del sur, hubo una avalancha de abandonos de niños allá por los años setenta. ¿No lo sabíais? Yo tampoco, y fue lo que me llamó la atención.

He querido rescatar aquí una entrevista que el autor concedió en Barcelona. Es, cuando menos, curiosa, porque nos descubre una faceta totalmente desconocida para muchos acerca de este país nórdico.

 

“En Dinamarca todavía hay gente que llora y busca respuestas sobre su pasado en los orfanatos del país”

 

Usted empezó esta novela ante la imposibilidad de escribir un reportaje periodístico sobre los niños dados en adopción en su país, Dinamarca. ¿Puede darnos más detalles sobre esto?
Yo pasé los dos primeros años de mi vida en un orfanato y me pareció interesante buscar los siete niños con quienes conviví entonces. Pretendía escribir un reportaje sobre la vida de esos niños una vez se habían hecho adultos, ver si el paso por el orfanato les había condicionado, pero fue imposible porque el Estado renovaba la identidad de los niños. Lo que sí pude hacer fue investigar sobre el tema y eso lo aproveché para escribir la novela. Inventé los siete personajes, sus familiares y los misterios que los rodean, para que luego se encontraran cuarenta años después de ser adoptados.

¿Por qué todavía hoy el silencio rodea el tema de las adopciones e incluso algunos implicados no quieren hablar del tema?
En Dinamarca hubo decenas de miles de madres jóvenes que parieron siendo solteras, cosa que en los años setenta estaba mal visto, era motivo de vergüenza. Eso hizo que el silencio permanezca todavía. Cuando la novela fue publicada, parece ser que tocó algún nervio. Cada persona y cada institución danesa conocía algún caso de niño adoptado, y el debate se avivó sobre cómo pudimos hacer eso y luego callarlo, no poder hablar de ello.

Su novela ha sido un éxito en Dinamarca. ¿Eso le hace pensar que la sociedad necesita respuesta?
Espero que así sea, que realmente haya necesidad de encontrar respuestas al respecto. Hay unos 60.000 niños adoptados que siguen vivos y Dinamarca es un país pequeño. Desde los años 80 se ven muchas madres solteras, la sociedad ha avanzado, pero eso no quita que haya que dar respuesta a esas historias personales que son tan importantes, porque apuntan al orfanato, a los padres biológicos, al personal que los cuidó… Algunos de aquellos niños son ahora adultos que siguen afectados y buscan respuestas.

Quizá algunos de esos adultos han contactado con usted después de publicar la novela…
Mucha gente lo ha hecho. Por teléfono, mail o en persona. El año pasado estuve viajando por Dinamarca de promoción, mostrando fotografías, explicando mi caso y las experiencias de todos aquellos que entrevisté como periodista. En aquellas presentaciones siempre había alguien que preguntaba… Los veía ahí sentados, llorando, hasta que se acercaban, al final, para enseñarme alguna fotografía, para decirme en qué orfanato estuvieron y me preguntaban si podrían haber sido felices. En los años setenta había unos sesenta orfanatos por todo el país, no es fácil tener respuestas para todo, así que les decía que ellos tenían que hacer su propia investigación.

Antes comentaba que los dos primeros años de su vida estuvo en un orfanato. Era usted muy pequeño pero quizá le quedó algo de aquella experiencia…
La verdad es que no recuerdo demasiado, apenas un pequeño detalle. Yo volví al orfanato donde estuve para buscar a quienes me habían cuidado, por ejemplo, y eso hizo que continuara una investigación que me sirvió para escribir la novela.

¿Diría que El séptimo niño es básicamente una novela sobre niños adoptados o, en general, sobre la relación de padres e hijos?
Lo segundo, sin duda. Muchos padres, adoptivos o biológicos, no llegan a hacer bien las cosas, no saben lo que pasa en realidad en la mente de los niños. Los ponen en habitaciones oscuras y cierran la puerta, por ejemplo. Precisamente de esto sí tengo un recuerdo: yo, de niño, en una habitación con otros chicos de mi edad solos, profundamente asustados, intentando comunicarnos a oscuras. Esto, en algunos casos, conlleva consecuencias psicológicas. Muchos padres suelen olvidarse de que sus actos pueden afectar a aquellos que aman, a sus propios hijos, y los niños no tiene forma de explicar a sus padres que lo están haciendo mal. Espero que cada generación recuerde qué hicieron mal sus padres y no repitan esos errores con sus hijos.

¿Cree que la infancia convoca a un público universal tanto en cine como en literatura?
A lo largo de los años hemos podido comprobar que tanto en cine como en literatura la infancia despierta un interés enorme en todo el mundo. Cuando era periodista, hice muchos retratos de carácter humano y siempre eran muy intensos. Por ejemplo, cuando les pedía que describieran su habitación, el ruido que oían de la calle desde su ventana, cuál era su primer recuerdo de infancia… se les humedecían los ojos al responder y a veces contaban historias terribles sobre otras personas. Todos hemos tenido una infancia y nos gusta saber sobre la infancia de los demás, aunque sea a través de la ficción.

¿Cree usted que a pesar de lo que ha avanzado la psicología y el psicoanálisis, la infancia todavía está infravalorada?
Hay psicólogos que se lo toman muy en serio, aunque no todos coincidan en las interpretaciones. La sociedad es cada vez más compleja, todos vivimos muy rápido, trabajamos, nos pasamos mucho rato conectados a Internet, vamos corriendo de un sitio a otro y es muy fácil olvidarnos que los niños viven en otro tipo de mundo. Puede ser un mundo muy diferente, muy solitario. Muchos padres de esta sociedad contemporánea olvidan esto y es algo terrible, porque son sus hijos.

Su novela refleja cómo la imposibilidad de abortar puede conducir a una situación anómala en la sociedad. En España hemos vivido el intento de introducir una durísima ley contra el aborto que finalmente ha sido frustrada. ¿Considera que las leyes contra el aborto en Europa se aplican con demasiada frialdad?
En Dinamarca hemos vivido una situación similar y por eso lo puse en la novela. Seguramente esa manera de pensar de algunos políticos muy conservadores viene de una tendencia que crece en Estados Unidos de minimizar cualquier ley que favorezca el aborto.

Uno de los personajes de su novela es Magna, la directora del orfanato durante muchos años que en el momento de la novela ya es una anciana retirada. ¿Cree que la justicia debe investigar todas las Magnas que ayudan a ocultar el pasado? ¿O es mejor no remover el pasado y seguir adelante?
Yo me pondría un poco en el medio. No creo que haya que investigar todas las situaciones como si fueran crímenes, pero es necesario avivar el debate sobre las acciones de todas aquellas personas que aun con buen corazón fomentaron algún tipo de tragedia.

2 comentarios:

  1. Tu nota me deja una sensación agridulce, dulce por como el escritor ha salido adelante, tuvo una familia y agrio en el sentido que todas las personas adoptadas buscan su identidad. Eso me da preocupación creo que en esa inquietud siempre estará allí. Tu que opinas de eso Maria?

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    1. Está claro que la inquietud, el deseo o la curiosidad por conocer su pasado aparece en algún momento de la vida de casi todos los adoptados. Habrá quien no, pero la mayoría lo sentirán, y es lógico porque a todos nos gusta saber de dónde venimos, cuáles son nuestros orígenes y nuestros antepasados. No es malo, y eso no quiere decir que vayan a volver con sus familias biológicas y a olvidarse de las adoptivas. Para nada... Debemos asumir que esta inquietud surgirá antes o después y que nuestros hijos querrán saber. Ahí tenemos que estar para apoyarles y ayudarles en lo que podamos, ésa es nuestra verdadera prueba como padres adoptivos.

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