miércoles, 6 de mayo de 2015

Tiempo sin aire (Colombia)

Este fin de semana estuvimos viendo el último estreno español, "Tiempo sin aire". Dirigida por Samuel Martín Mateos y Andrés Luque Pérez, narra la historia de una enfermera colombiana que viaja hasta Santa Cruz de Tenerife, acompañada de su hijo pequeño, para encontrar y vengarse de uno de los asesinos de su hija mayor. Un psicólogo escolar, preocupado por el niño y enamorado de la protagonista, se verá involucrado en la búsqueda.

La película nos gustó. Seguramente se podría haber conseguido más, pero en líneas generales es una película que se deja ver y que no decepciona. Eso sí, es dura. Las escenas, recordadas por madre e hijo, en que los tres paramilitares violan a la chica o los momentos en que deciden quién vive y quién muere en una Colombia devastada por las luchas internas, impresionan a cualquiera. Pero, desgraciadamente, es la verdad y no podemos volver la cara ni cerrar los ojos.

Carmelo Gómez, en el papel del psicólogo Gonzalo, no me termina de convencer. Es un personaje plano, sin grandes matices, amargado por un amor no correspondido de la forma que él anhela. Sin embargo, Juana Acosta se pone en la piel de una María impresionante. Enfermera, pero madre ante todo, no ceja en su empeño por encontrar a quienes le arrebataron a su hija y vengarse de ellos. Sólo tiene una foto y un nombre, Iván, algo que alimentará su obsesión hasta límites insospechados. El amor de una madre es lo más grande y nunca podrá olvidar, ni perdonar, la violación y asesinato de su niña.

La propia Juana Acosta (Cali, 28 de noviembre de 1976) cuenta cómo ha vivido la violencia en su país natal. Cuando tenía 16 años, mataron a su padre para robarle el coche. Y tiempo después, la guerrilla secuestró a su hermano, junto con su esposa y su bebé de tres meses. A su cuñada y al bebé los liberaron, y ella tuvo que caminar horas con el pequeño en brazos hasta que llegó a una carretera y un camionero los acercó al pueblo más cercano. Su hermano permaneció secuestrado en el monte ocho meses. Por fortuna, Juana vivía en un ambiente que le permitió elaborar su duelo y seguir adelante con su vida, algo que no ha tenido su personaje. Su gran interpretación la hace merecedora del reconocimiento de crítica y público, y espero sinceramente que eso se traduzca en premios.
El resto del reparto no defrauda. El sevillano Félix Gómez nos revuelve las tripas con su personaje de Iván y casi nos convence cuando se muestra como un indefenso muchacho engañado por sus compañeros. Y Adriana Ugarte, que hasta el momento no me terminaba de gustar, se pone en la piel de la Vero, esposa de Iván, que debe enfrentarse a una terrible verdad que pondrá toda su vida patas arriba.

Por cierto, que patas arriba parece estar la vida de Carmelo Gómez, al menos en lo laboral. El actor está tan decepcionado con el cine español, donde apenas recibe ya ofertas después de una extensa carrera de más de tres décadas, que parece que piensa retirarse para dedicarse exclusivamente al teatro. "No me voy, me han echado" afirma el actor. Una pena, por supuesto.

Colombia es el cuarto país más grande de Sudamérica y una de las primeras potencias de América Latina. Tiene una diversidad de recursos naturales, fauna y plantas que no se conocen en otros países del mundo. Su estratégica situación geográfica le abre las puertas al comercio con oriente y occidente. Todo esto, unido a su clima tropical, lo convertiría en un país ideal para vivir y trabajar. Sin embargo, los colombianos viven en un ambiente que dista mucho de ser "el ideal". La suma de delincuencia común, guerrilla y narcotráfico crean un especial clima de violencia e inseguridad en muchas zonas del país. El número de homicidios y secuestros, especialmente en las zonas rurales, alcanza unas tasas que lo convierten en un destino ciertamente peligroso.


El Ministerio de Asuntos Exteriores recomienda ser muy precavido. En las grandes ciudades los delitos suelen ser los habituales en cualquier otro país, pequeños robos y asaltos. Aún así, alertan del llamado "paseo millonario" o "secuestro express" que se da con cierta frecuencia en Bogotá. Falsos taxistas retienen a los pasajeros durante horas para robarles y extorsionarles. Por eso hay que extremar las precauciones y coger únicamente taxis que inspiren confianza e identifiquen al vehículo y al conductor.

Pero las zonas de alto riesgo son las montañas, sede en muchas ocasiones de las guerrillas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FARC o Ejército del Pueblo, son un grupo terrorista que operan en Colombia y en la frontera con Venezuela. Creadas oficialmente en 1964, las FARC se dedican al narcotráfico, guerra de guerrillas, secuestros, atentados, asesinatos e implantación de minas antipersona. Se estima que operan en zonas de 24 de los 32 departamentos en que se divide Colombia. Famoso fue el secuestro en 2002 de la candidata presidencial Ingrid Betancourt, liberada por el Ejército Nacional de Colombia seis años después.

Naciones Unidas, Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras organizaciones de derechos humanos, acusan a las FARC de constantes violaciones al derecho internacional humanitario, con actos como el reclutamiento de menores, violaciones a mujeres y niñas, torturas, secuestro de civiles, desaparición de personas, trato inhumano a rehenes, abortos forzados, asesinatos y ejecuciones extrajudiciales. Según los testimonios que se han podido recoger, cada rehén es encadenado durante varias horas al día y supervisado por un guerrillero con orden de asesinarlo en caso de un intento de rescate militar.

Este ambiente de violencia provoca que cientos de miles de personas vivan con miedo el día a día en sus pequeñas localidades. Y esta es la situación en la que viven los protagonistas de la película "Tiempo sin aire", con una estupenda Juana Acosta en el papel de enfermera colombiana que ve cómo el conflicto bélico termina primero con la vida de su marido y luego con la de su hija mayor. Obsesionada con lo sucedido y con el deseo de vengarse del paramilitar que violó y torturó a su niña, viaja hasta Santa Cruz de Tenerife dispuesta a encontrarlo. Lógicamente, no es ni legal ni moralmente aceptable el "ojo por ojo", pero ¿quién puede juzgar a una madre que ve cómo violan, torturan y asesinan a su hija?

En fin, una lástima que un país tan bonito y con tantas posibilidades sea devastado por una situación que no parece tener fin. Espero que pronto acaben con las guerrillas, con las luchas, y todos los colombianos, especialmente los niños, puedan vivir con un poco de dignidad y confianza.


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