viernes, 17 de abril de 2015

Elegir el país de nuestros hijos

La mayoría de la gente que lee habitualmente este blog ya sabrá a estas alturas que hemos decidido abrir dos expedientes de adopción, uno nacional y otro en Bulgaria. Lo que nunca he explicado es cómo elegimos el país de donde vendrán nuestros hijos. Bulgaria nos gustó desde el principio y hay un refrán que dice que "la primera impresión es la que cuenta".

Antes de meternos de lleno en el mundo de las adopciones, cuando todo era nuevo y misterioso para nosotros, pensábamos que adoptar un niño en otro país era sencillo. Decidías el país, enviabas una solicitud y en un tiempo relativamente corto podías tener un bebé pequeñito. ¡Zas! Primer batacazo. Primero tu comunidad tiene que dar el visto bueno (considerarte idóneo), luego tienes que enviar muuucha documentación y sentarte a esperar para que, pasados varios años, te puedan asignar un niño que, en el mejor de los casos, no tendrá menos de un año. Y eso si el país no es complicado, porque hay otros que te obligan a esperar más meses todavía y no te aseguran que finalmente ese niño que has conocido vaya a ser tuyo.

En adopción internacional, lo primero que tienes que estudiar son los requisitos que exige cada país. Actualmente, el número de países que permiten la adopción a extranjeros se ha reducido bastante; y a eso tienes que añadir requisitos de edad, antigüedad de matrimonio, condiciones económicas, de vivienda, etc. Además, la mayor parte de las adopciones internacionales se tramitan a través de unas entidades colaboradoras conocidas como ECAIs. En nuestro caso decidimos que tramitábamos por protocolo público o a través de una Ecai con sede en Zaragoza, no queríamos estar pendientes de oficinas de otras ciudades que quizás nos obligaran a viajar allí y quizás nos pusieran por detrás de sus propias familias. Hasta que no trabajas con ellas no puedes saber a ciencia cierta cómo actuarán. Así que nos dedicamos a visitar las pocas Ecais que trabajan actualmente en Zaragoza y a recopilar toda la información que pudiésemos obtener.

Habíamos contemplado varios países. Rusia, Bulgaria, Polonia, Brasil, India.... Y pronto chocamos con una nueva exigencia. Debíamos llevar al menos dos años casados para que alguno de ellos aceptara nuestro expediente. ¡Zas! Segundo batacazo. Descartadas así India y Polonia, decidimos suprimir de la ecuación Brasil porque los niños son mayores. Un rango de 0-5 años de edad estaba bien, pero más... mmm hay que saber a lo que te puedes enfrentar y estar muy seguro. Igual que con los niños con necesidades especiales. 

Quedaban, por tanto, Rusia y Bulgaria. Finalmente nos decidimos por Bulgaria debido a varios motivos. La información era bastante clara, el país parecía serio, no exigía demasiada documentación ni requisitos, permitía tramitar a través de Ecai o directamente con una fundación búlgara, los niños no eran demasiado mayores y estaban bien cuidados, era un país cercano y el proceso no era muy caro; pero, sobre todo, no confiábamos en el gobierno ruso. Hablando con otras familias, te das cuenta de lo paralizados que están los trámites allí y, con el tiempo que nos queda por delante, temíamos que cerraran las adopciones antes de que nos llegara el turno.

Como es lógico, no sabemos si elegimos bien o mal. Eso sólo lo dirá el tiempo... y ¡¡espero que sea para bien!! En cualquier caso, elegir el país de donde vendrán tus hijos es siempre una decisión difícil, que debe ser estudiada con detenimiento y elegida de común acuerdo con tu pareja (aquí los monoparentales lo tienen más fácil) porque, quieras o no, se trata de una decisión que cambiará tu vida para siempre. No hay países buenos ni países malos, se trata simplemente de acercarse lo más posible a tus deseos ajustándote a tus circunstancias personales, a tu realidad. Y así, cualquier decisión es buena.

Hoy me despido con una canción que La Oreja de Van Gogh dedicó a la hija de su batería, "Palabras para Paula". Aunque no habla de adopciones, su letra me hace soñar con el momento en que por fin pueda coger en mis brazos a ese o esos peques que se convertirán en nuestros hijos. Eso sí, advierto que si alguien tiene tendencia a llorar, mejor que no lo vea. ¡Buen fin de semana!



5 comentarios:

  1. Madre mía que complicados tienen que ser todos los trámites para la adopción internacional! Pero seguro que merece la pena ;-) Un beso!

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    1. No te lo puedes ni imaginar. María José sólo ha planteado algunos de ellos, pero a medida que se desarrolla el proceso hay muchísimos. Menos mal que el amor que se tiene hacia los niños supera con creces este tipo de problemas, aunque en numerosas ocasiones se haga muy difícil.

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    2. Un poquito, aunque en nuestro caso se reducían tanto las opciones al estar recién casados que no fue demasiado problemático. Lo peor, a mi modo de ver, es la espera... desde que haces el curso y las entrevistas de valoración, hasta que finalmente te asignan y vas a buscar a tus hijos. Es una lástima que los plazos sean tan largos. Ayer mismo me hablaban de una familia que, tras nueve años esperando en China, han abandonado los trámites. Psicológicamente no pueden más.
      Gracias por tus ánimos!! Un beso

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  2. Yo pensaba también que era de otra manera, y siempre he querido adoptar en India. Cuando te toca, te das cuenta de que al final "no eliges tú", sino que es por descarte, por años de matrimonio, si civil o religioso, edad tuya y de los pequeños, casa propia o no, trámites más o menos engorrosos, peligros a la vista... Nunca pensé que mi hij@ sería bulgar@. Qué curioso

    Besos, guapa!

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    1. Exacto! Tú dices lo que quieres, pero al final estás atado a las exigencias de cada país, que no dejan de ser meros trámites burocráticos. Mejor no pensar mucho en ello porque al final te mosqueas. Yo tampoco pensé que mi hijo o hija fuera búlgaro. La vida, que te da sorpresas!!! :-)

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