martes, 21 de abril de 2015

De monstruos y dragones (Cuento polaco)

Hoy se cumplen 81 años desde que el ser humano empezó a buscar al monstruo del Lago Ness. La primera vez que se habló de él fue en el año 565, pero pasarían muchos años hasta que alguien decidiera investigar el suceso. Nessie, como familiarmente se le llama, es una especie de dragón que vive en el Lago Ness, un lago de gran profundidad situado cerca de la localidad escocesa Inverness. Se dice que devora reses enteras y también a los incautos que se acercan demasiado. Aunque actualmente la mayoría estamos convencidos de que es un simple mito, una leyenda, un cuento para asustar a niños y mayores, todavía hay quien alimenta la fantasía con relatos de avistamientos. No obstante, hace ya más de un año que Nessie parece ocultarse a la vista de los hombres. Incluso hay quien dice que se le ha visto en el Lago Windermere, 240 km al sur de Inverness. Por tanto, la duda es si se ha mudado de casa, ha fallecido o quizás.... ¿no ha existido nunca?

El caso es que este aniversario me ha hecho recordar otra leyenda acerca de un dragón. Y así comienzo hoy una nueva sección que llevaba tiempo dando vueltas en mi cabeza, los cuentos y leyendas populares de esos países en los que habitualmente adoptamos los europeos. Relatos que posiblemente nuestros hijos hayan escuchado alguna vez y que, por ello, resulta interesante conocer. Y como la cosa va de dragones, empezamos con una leyenda polaca muy famosa:

EL DRAGON DE WAWEL

Cuenta la leyenda que, después de un largo periodo de paz y felicidad en los alrededores de la Ciudadela de Cracovia, la situación comenzó a empeorar. Los pastores notaban a menudo que el rebaño no estaba completo, pero el verdadero terror cundió entre los habitantes de la ciudadela cuando de modo misterioso empezó a desaparecer gente. Había cada vez más casos en los cuales la gente que iba al río a sacar agua, no volvía jamás.

Nadie sabía qué estaba pasando hasta que un joven aprendiz de cestero se acercó al río a recoger mimbre. Buscando las mejores ramitas, llegó hasta los pies de la Colina de Wawel. De repente, entre las piedras de la orilla encontró montones de huesos y, un poco más allá, la entrada a lo que parecía una gruta excavada en la roca. Junto a la abertura había un colosal dragón de aspecto espantoso, con el cuerpo cubierto de escamas amarillas y verdes, unas púas puntiagudas en su lomo y unas enormes patas de la que salían unas garras encorvadas. El muchacho se sintió tan atemorizado que no pudo moverse durante unos minutos. Cuando el dragón, bostezando, mostró unos enormes colmillos a la vez que exhalaba humo y fuego por la boca, el muchacho corrió todo lo que pudo en dirección a la Ciudadela.

La noticia corrió como la pólvora y el príncipe Krak mandó llamar al muchacho para que le contara personalmente lo que había visto. Luego reunió a sus consejeros y caballeros más valientes para debatir las posibles soluciones. Todos tenían claro que había que matar al dragón. A la mañana siguiente, tres valientes caballeros se dirigieron a la gruta a cumplir su misión... y nunca regresaron. El príncipe decidió informar entonces que cualquier persona que librara a la ciudad del dragón sería premiada con generosidad, se casaría con la princesa y obtendría la mitad del principado para su gobierno. Pronto comenzaron a llegar caballeros de todas partes queriendo medirse con la bestia. Sin embargo, ninguno llegó a derrotar al monstruo.

El príncipe Krak decidió entonces ir él mismo, pero en ese momento apareció un joven zapatero que dijo saber cómo destruir al dragón. Sólo pidió que el príncipe le concediera el cordero más grande que poseyera. Así lo hizo el príncipe y el joven zapatero empezó a ejecutar su idea: mató al cordero, le quitó la piel, la rellenó con una mezcla de azufre y alquitrán y unió después la piel cosiéndola. Al atardecer, se acercó a la entrada de la gruta y dejó el cordero en la puerta.

Por la mañana, una fuerte explosión despertó a los habitantes de la Ciudadela. El dragón, que se había tragado el cordero nada más despertar y sintiendo arder su estómago por el azufre, bebió tanta agua del Vístula que acabó por explotar en mil pedazos. De este modo, la Ciudadela fue librada del dragón y el joven zapatero pudo casarse con la princesa. Durante la ceremonia, los recién casados dieron en ofrenda al Vístula unas joyas preciosas que tiraron a sus aguas. El río admitió el don y desde entonces ningún monstruo interrumpió la paz y bienestar de los habitantes de la Ciudadela de Cracovia.

La gruta, denominada la Cueva del Dragón, se ha conservado hasta hoy día y es posible verla en la parte sudoeste de la Colina de Wawel.

Embarcación turística con forma de dragón 
en la que pudimos recorrer parte del Vístula.

7 comentarios:

  1. Me encantan las leyendas! Qué curiosa historia, y vaya viaje chulo.

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    1. Pues estoy buscando algunas búlgaras también, por supuesto!!
      El paseíto en barco es muy chulo y la embarcación en concreto era muy curiosa. La zona es preciosa y lógicamente la explotan para el turismo, pero aún así merece la pena!

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    2. Por cierto, se me olvidó comentar que la estatua del dragón echa fuego por la boca!!! Lógicamente siempre está llena de turistas haciéndose fotos.

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  2. No conocía la historia. La has contado a las mil maravillas. Ya tengo una propuesta para mis alumnos.... :)

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    1. Me alegra que te guste. La he tenido que resumir un poco para que blogger me dejara publicarla, pero es bonita.

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  3. Me voy a guardar bien esta historia tan bonita para contársela a Piiii y al resto de pequeñ@s polac@s que vengan por aquí! Si me dejas, comparto tu entrada en mi blog. Un abrazo y mil gracias!

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    1. Por supuesto que puedes compartirla en tu blog. Me encanta que os gusten estas historias! Un abrazo guapa.

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