viernes, 13 de febrero de 2015

Segundo día de curso

El martes pasado tuvimos la segunda sesión del curso de formación. Entre saludos y sonrisas (poco a poco empieza a haber buen rollo), comenzamos retomando el último ejercicio de la semana anterior. Nos volvieron a pasar dos veces las fotos de 30 niños de diferentes nacionalidades, razas, edades y estados de salud para que, de forma individual, eligiéramos aquellos que veíamos como nuestros posibles hijos. Luego, por parejas, fuimos comentando cuántas coincidencias habíamos tenido. La finalidad de este ejercicio era sencillamente hacernos ver que la decisión de adoptar un determinado perfil de hijo es una decisión de vital importancia que debe ser muy meditada y consensuada entre los dos miembros de la pareja.

Hicimos un repaso de las necesidades específicas que tiene un niño abandonado: ambiente de estabilidad y seguridad, aceptación incondicional, reparación de los daños anteriores, respeto por su historia, etc. La sesión iba a centrarse en la preparación de la llegada y en cómo facilitar su adaptación. Para ello hay que partir de un punto muy simple: para formar una familia hay que construir un vínculo.

"Para ser familia no es suficiente parir" 
(Pepa Horno, psicóloga y consultora en infancia, afectividad y protección.)

El apego se define como la relación única de vinculación singular y específica entre dos personas que persiste en el curso del tiempo.  La teoría del apego sugiere que las relaciones entre padres e hijos son la base de un crecimiento psicológico sano, afectando al desarrollo de la persona durante toda su vida. Los niños con un apego seguro, con una persona de confianza a la que acudir cuando están angustiados, tienden a ser personas más positivas, integradas, estables y cálidas, pudiendo desarrollar relaciones interpersonales más satisfactorias. Una simple palabra, una caricia, un beso o un abrazo tienen un efecto calmante de vital importancia para el desarrollo de los niños, constituyendo su primera forma de comunicación.

Los niños que, por el contrario, no conocen el apego, que no han recibido cariño ni protección en sus primeros meses o años de vida, tienden a mostrar comportamientos más rebeldes, enojo, resistencia, desinterés, angustia, miedo, frustración y una serie de características que les impedirán tener una vida emocional completamente sana. Todo ello influirá en sus capacidades cognitivas, en sus posibilidades de aprendizaje y en el desarrollo de su personalidad. Pues bien, somos los padres quienes tendremos la responsabilidad de crear un vínculo a través de los cuidados, de la dedicación y de la comprensión de la realidad del niño.

La adopción es fundamentalmente un proceso de separación y revinculación a unas nuevas figuras de apego. Y, para que lo entendiéramos bien, nos hicieron una prueba práctica. Casi a oscuras, con una música relajante y los ojos cerrados, nos leyeron un relato en el que nos explicaban cómo unas personas que no conocíamos venían de repente a nuestra casa y nos llevaban muy lejos, a Japón, separándonos de nuestras familias, de nuestro hogar y nuestro entorno, de nuestras posesiones, para llevarnos a un lugar lejano donde otra familia, de una raza y una cultura diferentes, nos habían adoptado. Allí pasaríamos veinte años, y después de ese tiempo podíamos elegir volver a España, a nuestra ciudad y nuestro barrio para intentar localizar a nuestra antigua familia. Resumido así quizás nos parezca poco útil, pero la verdad es que cuando "vives" este ejercicio en persona y con calma ves cómo nos están contando la vida de nuestros futuros hijos. Esos sentimientos que nosotros tuvimos son los sentimientos que ellos posiblemente vivirán algún día: tristeza, miedo, rabia, incomprensión, tensión, dudas, soledad, pena... Porque, nos guste o no, los niños viven como "normal" su vida y todo cambio, aunque sea a favor, supone un pequeño (o no tan pequeño) trauma para ellos. De ahí que nosotros, como padres, tengamos que armarnos de mucha paciencia y comprensión. Quizás el camino que ahora estamos recorriendo exija mucha paciencia, pero el verdadero trabajo comenzará el día que tengamos con nosotros a nuestros hijos.

Esta semana nos entregaron bastante documentación relacionada con el apego, la vinculación y cómo  facilitar la adaptación. Voy a hacer un sencillo resumen porque es imposible contar todo aquí y ya me estoy alargando bastante. Educar a un niño nunca es fácil, pero cuando el niño es adoptado hay que enfrentarse a situaciones específicas para las que deberemos estar preparados. Estas son algunas recomendaciones generales que nos dieron:

1. Afecto:
  • Manifestar cariño.
  • Alegrarse por sus éxitos, por pequeños que estos sean.
  • No manifestar rechazo hacia el niño, sino hacia su mal comportamiento.
  • Ambiente relajado y alegre.
2. Comunicación:
  • Mostrar interés por sus necesidades y preocupaciones.
  • Animarles a expresar sus opiniones y sentimientos.
  • Consultarles su opinión sobre las decisiones que les afecten.
  • Escuchar sus argumentos ante los desacuerdos, aunque al final sean los padres quienes decidan.
3. Exigencias:
  • Plantear metas y retos para que vayan ganando confianza en sí mismos.
  • No pedir lo imposible ni crearse expectativas irreales.
  • Confiar en sus posibilidades.
  • Darles facilidades, ayudarles, para que vayan adquiriendo autonomía.
4. Convivencia y límites:
  • Ponerse de acuerdo en las normas familiares.
  • Hacer conocer y respetar las reglas del hogar.
  • Explicar las medidas de disciplina.
  • No recurrir al castigo físico ni psicológico.
Para terminar la sesión, nos juntaron por grupos (diferentes a los del primer día para que nos vayamos conociendo todos) y nos repartieron una serie de casos reales. En todos ellos se nos contaba la historia de un niño o una niña que habían sido abandonados, vivido en la calle o en casas de acogida, sufrido determinadas enfermedades o abusos y, finalmente, adoptados por una nueva familia que se enfrentaba a diferentes problemas de conducta. Teníamos que analizar la situación del niño, identificar las características que nos resultaban más fáciles o más difíciles de aceptar, ver los problemas que ese niño tenía, las causas que los habían originado y las habilidades que necesitaríamos para asumir su realidad. Fue entretenido, aunque duro sabiendo que las atrocidades que leíamos eran casos reales. Los resultados los expondremos la próxima semana. Mientras tanto, estoy contenta porque las familias que asistimos al curso nos vamos conociendo y parece que la relación en general es buena.

No quiero terminar esta entrada sin hacer referencia a un artículo que nos pasaron. Se titula "Las 12 características del niño adoptado" y aparece publicado en www.postadopcion.org, resulta interesante por lo que recomiendo su lectura. http://www.postadopcion.org/wp-content/archivos/articulos/desarrollo-psiquico-y-emocional/caracteristicas-del-nino-adoptado.pdf


2 comentarios:

  1. Qué Buenos son los ejercicios del curso. Por eso digo siempre que me encantó, porque te das cuenta de que no tienes ni idea de este proceso. En parte agradezco la espera porque nos da tiempo para prepararnos para estar a la altura de los pequeños

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    1. Pues sí, vienen genial. Igual que el resto de actividades y el poder compartir tu historia, los nervios y las dudas con el resto de familias.

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