lunes, 2 de febrero de 2015

Derecho a ser niños

"El perro antiminas empezaba a cansarse. Era un delgado niño vietnamita que solo vestía unos pantalones cortos de algodón. Jasper calculó que tendría unos trece años de edad. El pobre había sido un imprudente y esa mañana se había adentrado en la jungla en busca de frutos secos justo cuando una sección de la Compañía D, [...] se disponía a salir de misión. Llevaba las manos atadas a la espalda, y de ellas partía la cuerda de unos treinta metros que un cabo se había anudado al cinturón. El chico avanzaba por el camino, al frente de la compañía. Sin embargo, había sido una mañana larga y el muchacho no dejaba de ser un crío, por lo que sus pasos eran cada vez menos firmes y los hombres tropezaban con él sin darse cuenta. Cuando eso ocurría, el sargento Smithy le tiraba una bala que lo alcanzaba en la cabeza o en la espalda, y el crío lloraba y caminaba más deprisa. [...] No era raro utilizar a un campesino vietnamita como perro antiminas, aunque nadie lo reconocería en Estados Unidos. A veces los amarillos conocían los tramos del camino que habían sido minados. Otras, no se sabía cómo, descubrían señales de advertencia invisibles para los soldados. Además, si el perro antiminas no localizaba la trampa, era él quien moría en lugar de ellos. Todo eran ventajas."

Este párrafo de "El umbral de la eternidad", la última novela de Ken Follett, hace referencia al empleo de niños vietnamitas como guías antiminas por parte de los soldados norteamericanos durante la guerra del Vietnam. Pero no pensemos que actos crueles como éste son exclusivos de Estados Unidos o del siglo XX. Al contrario, en pleno siglo XXI el maltrato de menores es una realidad. Sin ir más lejos, las estadísticas demuestran que en La India, cada día dos niñas son maltratadas, cada dos horas una menor es violada y cada media hora se abusa físicamente de menores. En algunas localidades se tiene la creencia de que si un hombre con sida tiene relaciones con una menor virgen, se le curará la enfermedad. En esos casos, pagarán por la niña una gran suma de dinero.

En Sudán, se están liberando ahora mismo a 3.000 niños de un grupo armado. La mayoría tienen entre 11 y 17 años de edad y han estado luchando como soldados durante cuatros años. Muchos nunca han pisado una escuela. Habían sido reclutados por una facción del Ejército Democrático de Sudán del Sur y, como bien dice un representante de Unicef, "se han visto obligados a hacer y ver cosas que ningún niño debería experimentar jamás."

Etiopía es un país muy pobre y la pobreza se convierte en un obstáculo para el desarrollo y, por tanto, para la supervivencia de los niños. Al hambre y la enfermedad, se une el hecho de que la escolarización no es gratuita y eso hace que muchos niños no puedan acceder al colegio. Los padres ponen a trabajar a sus hijos en diferentes tareas (campo, mercados, labores domésticas...), sin mencionar el alto porcentaje de menores dedicados a la prostitución, el contrabando o el tráfico de drogas. 

Y como estos, otros muchos países.

Dicen que una sociedad en la que los niños trabajan es una sociedad empobrecida. El futuro de un país depende de la educación de sus niños y niñas en los colegios. Los niños que están en la calle son muy vulnerables, proclives a caer en la prostitución y el delito, el abuso sexual o el tráfico de niños. Es tarea de todos encontrar una solución a esta realidad y darles una salida a estos cientos de niños y niñas que a diario sufren abusos de todo tipo. Todos ellos merecen una infancia feliz, juegos, protección, amor, educación... en definitiva, se merecen SER NIÑOS.

1 comentario:

  1. Es devastador que algunos niños no sepan qué es eso de ser niño precisamente.

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